Las Anécdotas del Patrón_1: Cala Macarella

Macarella   Esta es quizás una de las anécdotas más rocambolescas que tengo en mi haber. Y lo es porque la relación de hechos en los que nos vimos envueltos se fueron sucediendo unos a otros con tal rapidez que no puedo por menos que recordar a los Hermanos Max en alguna de sus películas.

    Y es que todo empezó un día de verano a media tarde, fondeados tranquilamente al sur de Menorca es una preciosa cala sin viento, ni mar… Y de pronto llegó una inmensa motora de tres pisos de altura y de unos 35 metros de eslora  que fondeo al otro lado de la cala, a nuestro babor. Inmediatamente después de un brevísimo fondeo aquella embarcación empezó a desplegar una actividad desaforada. Salieron unos a cubierta a disfrutar del sol mientras el capitán desde el Flying_bridge vocifera a alguno de los marineros  de proa y otros arriaban rápidamente una moto acuática por su costado de estribor para ir a dar un paseo.

  Al poco nosotros empezábamos ya a prestar atención a tan vivo espectáculo cuando observamos que, o sorpresa!, esa motora empezaba a garrear..

    Ellos se dieron cuenta un rato más tarde, cuando ya estaban en medio de la cala y el garreo superaba ya los 50 ó 60 metros. En ese momento decidieron hacer algo al respecto y mientras unos se encargaban de la operación otros, por no estar  ociosos, empezaban las maniobres para izar la moto de agua. Se veía al capitán un poco dubitativo ahora subiendo ancla ahora soltando cadena mientras su barco garreaba y garreaba hacia las rocas de estribor de la cala. Conviene destacar en este punto que en su hipotética trayectoria hacia las rocas pasaría a unes decenas de metros de nuestra proa antes de colisionar con ellas ofreciéndonos un espectáculo digno de filmar y por lo menos aterrador… al menos hipotéticamente.

    Vente minutos más tarde el buque ya había cruzado la cala de babor a estribor en toda su extensión y la tripulación, ahora ya mucho más cerca, nos ofrecían una idea un poco más clara de lo que podía estar pasando. La moto llevaba más de 10 minutos amarrada por el manillar pero colgando y oscilando por toda la banda de estribor. De vez en cuando golpeaba la banda del barco y se oía un ruido crujiendo.  En una de las maniobres para zafarla perdieron la zodiac auxiliar a lo que el capitán ordeno que saltase alguien inmediatamente a buscarla. El presunto voluntario desapareció unos largos minutos para reaparecer por la popa del tercer piso, con su chaleco de salvamento puesto y un salto al mar realmente increíble. Al llegar al agua rebotó un par o tres de veces a causa del chaleco pero rápidamente se puso a nadar en dirección a la valsa que recuperó en pocos minutos.

    Mientras tanto el capitán seguía vociferando desde su Flying_bridge. La verdad es que de cerca era mucho más impresionante.. Con el torso desnudo, lleno de tatuajes y unas gafes de sol de diseño exclusivo… y sin Walkie-talkie  para nadie… pues claro que chillaba el hombre… como un condenado !.

     Finalmente y como no podía ser de otra forma los tenia prácticamente encima de mi barco. Su popa inmensa tapaba todo el horizonte de mi proa y aunque fascinado todavía por una tripulación tan original mis preocupaciones por el bienestar de los que me acompañaban y el mío propio  empezaron a ocupar toda mi atención. En ese momento y por dos veces había visto desaparecer mi boyarín bajo las turbulencias de las dos potentes hélices de la motora.  A partir de la tercera inmersión del boyarín no lo volvimos a ver nunca mas. Todavía ahora me acuerdo de él…

 Llegó el momento culminante de la tarde, cuando decidieron que quizás ese fondeo no era bueno y que lo mejor sería seguir dando vueltas por la isla a toda velocidad. Dicho y hecho: Para que pensar mas?. Dieron máquina abante y por primera vez en mi vida pude ver como por mi proa iba apareciendo rápidamente toda mi cadena en la superficie del agua.  Viendo como mi cadena se enganchaba en las hélices del motor y como empezaba un molesto remolque no deseado hice todo lo que pude para comunicarme con ellos y sugerirles que por favor parasen un momento las máquinas.

  Para cuando recupere la libertad y pude subir toda la cadena y el ancla a mi barco vi que las hélices de la motora habían cortado el cabo del boyarín justo 40 centímetros por arriba de la hélice, 40 centímetros que le libraron de romper una de sus hélices chocando contra mi ancla.

   Con todo se nos hizo un poco tarde y renunciamos a nuestro fondeo-espectáculo. Decidimos cambiar de planes y acercarnos a Ciutadella para disfrutar un poco de la ciudad y con un poco de suerte reencontrar a nuestros amigos.

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